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Entran las personas en una sala de cine. Todos los espectadores mantienen la ilusión de mirar la historia que refleje sus propias vidas, que les muestren lugares en los que su misma figura se vea representada, que estos fotogramas les recuerden cómo es el mundo en el que viven.
El cine es principalmente un arte que no debería ser narrativo, en sus inicios, éste posibilitó mirar el movimiento fuera de nuestra propia retícula, imágenes que representaban y compartían la realidad vista por un hombre a través de un artefacto llamado cámara. Ésta innovación humana no tenía pretensiones artísticas, hasta que no le encontraron un mejor uso que el perfecto alivio al ocio. Los cineastas más “artísticos” consideran que no deben narrar, sino representar, para ellos la imagen es lo que cuenta. Hay quienes sólo toman un argumento, lo filman y lo comercializan, como a cualquier otro producto en el supermercado. Ahora, las formas de comunicación en el cine son la imagen y el argumento. La imagen se desarrolló primero, luego hubo una sofisticación en los argumentos. Y se hizo una gran industria. Que resultó en un consumo masivo del producto, mismo que tenía que ser apto para todos los consumidores.
En las butacas nos encontramos a un público variopinto. Nos podríamos sentar entre un intelectual y una pareja de conversadores, todos los que estamos en la sala tenemos una interpretación propia de la realidad. Entonces, comienza la película que pretende distraernos a quienes compramos un boleto. Supongamos que la película es de Luis Buñuel. Unas señoras disfrutarán de la historia casi bucólica, provincianos con sus propios problemas. Una pareja de novios se enternecerán con la clásica historia de amor entre dos personas hermosas, se mirarán como en un mentiroso espejo. Un intelectual al fondo disfrutará del símbolo y otro hombre, con ideas comunistas, se sorprenderá de los iconos marxistas subyacentes durante todo el filme. Cada espectador está capacitado para entender y de otorgar valores conforme a su propia visión de las cosas.
Para un par de señoras, la película habrá estado muy bien, aunque con algunas pausas que jamás entendieron y que eran sumamente raras para ellas. Les gustó mucho como Dios resolvió todo el conflicto y que los personajes hayan sido muy felices. Dios como resolución al nudo de la historia ni siquiera es una idea que pase por la cabeza del joven con ideas comunistas, él está como en una especie de ensoñación y admiración de la perspectiva del director. Los novios sufrieron junto a los protagonistas, sintieron en carne propia la momentánea separación de sus héroes, que tenían muchísimo que ver —según ellos mismos¬¬— con su propia relación, al final todo fue muy bello y hasta las lágrimas llegaron al rostro del chico. Mirando absorto los créditos finales está el señor que entendió los símbolos del surrealismo y está tratando de comprenderlos todos, no dejará fácilmente su tarea. La película pudo ser verosímil para todos. Para nosotros los espectadores la historia es coherente, la comunicación cinematográfica pudo penetrar en nuestra cabeza y nos dio una interpretación de la realidad, misma que todos interpretamos otra vez en nuestras mentes. Para todos la historia fue verdadera hasta cierto punto, no necesariamente se tuvo que mostrar la verdad, nos conformamos con una coherencia, aunque sea mínima.
Muchos confunden la verdad con la coherencia de las acciones. La coherencia consiste en mantener volando a superman sin que se le acabe la gasolina. Aceptamos por verdadero a monstruos, a destrucciones masivas, a príncipes y reyes de un país fantástico. Todo esto, evidentemente no es la verdad, es una simple representación de las cosas, pero el espectador podrá creerlas reales por un par de horas, inconscientemente está viviendo un espejismo. Una mentira que se toma por verdadera. En los años sesenta las salas de cine mexicanas de cine se abarrotaban de espectadores frenéticos que gozaban y sufrían con el Santo, el enmascarado; el público se levantaba en sus butacas como en una arena de luchas, temían al monstruo que era notablemente un botarga mal hecha, pero el público sentía sus poderes malignos. Esto refleja que, durante un par de horas, podemos tomar casi cualquier cosas como verdadera.
La realidad es imposible en el cine, al igual que en cualquier otro tipo de arte, simplemente porque el arte está repleto de subjetividad. El cine jamás reflejará algo más que una perspectiva. La narración del cine, estaría frustrada, la ilusión estaría perdida. Claro que hay muchísimas películas con la pretensión de ser “reales”, estos pueden mostrar una gran carga de realismo, incluso podrían ser documentales, eso las hace realistas, pero no más verdaderas que las otras, después de todo, no hacemos más que mirar imágenes ajenas, que nos sólo nos causan afecciones.
La duda metódica. Cuando el ocio mismo nos lleva hasta el escrutinio más perfeccionista, seremos capaces de revisar si la especie de araña que aparece en Aracnofobia es venenosa o no. Sabremos que nadie sobrevive a dieciséis disparos repartidos en la cabeza. Tenemos, al aplicar la duda metódica, que desdeñar a los héroes voladores, a los rayos de poder, etcétera. Nos perderíamos de toda la diversión, dudo mucho que alguna persona, capaz de disfrutar aplique este tipo de observaciones en una sala de cine. Después de todo, desde su origen, el cine es una mentira. Todo tipo de mención o ilustración, ya es de por sí, una interpretación.
Además de los documentales están la películas históricas, las cuales parecen utilizar a la historia como una mera alegoría fantástica para una historia sosa. Muchos filmes de época son muy apartados de la realidad, no tienen una congruencia con lo que pasó realmente según la historia, pero pretende tener una carga cultural, aunque la cultura no sea notable ni en el vestuario. Algunas otras, sin tantas pretensiones en el mundo de la ciencia histórica sólo utilizan una época como escenario de las peripecias del argumento. En una película de Sofía Coppola, se utiliza el personaje de la reina Maria Antonieta para denostar una historia de adolescencia desenfrenada.
En la cinematografía hay una gran variedad de géneros, algunos de estos están al margen de la verosimilitud tales como los dibujos animados, cine fantástico, experimental etcétera. Estos géneros funcionan por sí mismos, ya no se tiene que proyectar una imagen real, o basada en la realidad, en cambio este género puede transformar el mundo a su antojo, por ser precisamente independiente de él. Aunque casi nunca se pierde una concepción humana de las cosas, por obvias razones, está hecho por personas que sí pueden percibir el mundo.
Hay algunos otros géneros que exigen un mundo mucho más tangible, tal como las películas policíacas, en las que el lugar de un revolver tiene que ser un lugar coherente, en donde las heridas de un personaje lo afecten realmente, en donde la resurrección no exista. De cualquier manera siempre habrá terribles excepciones en las que la inconciencia y la ignorancia de los realizadores predominen en todo el film. En otros casos, predomina el talento a pesar de ser una película con un presupuesto muy bajo y los micrófonos se noten en las escenas, tal como en el movimiento Dogma, que consiste en hacer las escenas lo más naturalmente posibles, con un mínimo de iluminación y sofisticación en las escenas, para que el movimiento de las cámaras y un deslumbrante argumento se conviertan en la principal propuesta.
El que un espectador crea en las escenas y pueda perderse durante dos horas de sí mismo, crea en la realidad que se le está presentando. Con un poco de talento del realizador, el cine puede transmitir seguridad de que las escenas son verdaderos acontecimientos, que nosotros mismos experimentamos junto con los personajes. Un musical como Dancer in the Dark, con el talento de Lars Von Trier nos puede parecer una cosa normal, que todos los personajes en escena bailen al ritmo de nuestra triste canción, parece, por un segundo, posible. El sentido es saber usar bien las formas cinematográficas.
El estilo Hollywood nos ha acostumbrado a creer casi cualquier cosa, han sido tantos sus intentos por seducirnos que nos han vacunado en contra de la sorpresa. Ahora somos espectadores un tanto nihilistas, incapaces de emocionarnos nuevamente con las botargas del cine mexicano. La tecnología en la imagen ayuda a tragarnos cosas muchísimo más rebuscadas, sofisticadas e inverosímiles. Ahora nos tienen que sorprender con mentiras mucho más grandes.
Ha sido toda esta obsesión industrial la que ha llevado al cine a crear cosas cada vez más intrincadas y fuera de una realidad, lejos de una verdad, y cuando por alguna misteriosa coincidencia una película nos sorprende, es por mostrarnos o algo muy bien hecho o una realidad brutal, una manera de reflejarnos en la obra que nos conmocione, que nos lleve hasta las lágrimas o hasta el estremecimiento.
El cine nunca ha buscado la verdad, el cine es simplemente una expresión, ya sea artística o no, para entretenernos y transmitirnos. La elección de la verdad mostrada en las películas recae sobre el espectador. Las películas proponen una veracidad alterna, el público es quién decide tomar las cosas con la carga de realismo que le parezca mejor. El cine está hecho desde su origen en espejismos y mentiras y cualquier tipo de parecido con la realidad, es mera coincidencia.
Después de todo, ¿qué es la realidad, sino una ilusión, una percepción personal, un sueño?
2 comentarios:
man!!! este sí me gustó
además la foto es hermosa
La realidad bien podría ser una película, todo depende del espectador.
Me gustó el texto, saludos!
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