julio 26, 2008

Borgia Ginz nos posee

You want to know my story, babe? It’s easy. This, is the generation who grew up and forgot to live their lifes. They were so busy watching my endless movie. Is power babe, power! I don’t create it, I own it. I sucked and sucked and I sucked. The media became the only reality and I own the world of flickering shadows: BBC, TUC, ITV, UTV, ABC, LSD, MGM, KGB, C of E, you name it, I bought them all and rearranged the alphabet. Without me they don’t exist.

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julio 25, 2008

La Noche de Anoche


Entre los sucesos de anoche estuvieron dos eventos que convocaron a la mitad de la gente farola de la ciudad de México.
En primer lugar tuvimos la inauguración de “Diseñando México 68” exposición que rescata los elementos visuales que se usaron en la olimpiada, hechos por reconocidos artistas y usados por toda la población mundial que puso los ojos momentáneamente sobre la Ciudad de México, así como ahora nosotros los tendremos puestos sobre Beijing, con la esperanza ingenua de llevarnos un par de medallas de bronce. El 68 es uno de mis años favoritos, aunque en este año todos los movimientos sociales del mundo hayan sido brutalmente apagados, porque la gente todavía se atrevía a exigir lo que ahora nos parece lo imposible. Además me gusta porque imagino el México de la bonanza que se desvaneció como nuestra conciencia política para hundirnos en la más sombrío desinterés. A pesar de que esta muestra es buena y de que la fiesta estuvo muy bien, ya saben, todos mis amigos intelectuales estaban en el acto (entiéndase por intelectuales a aquellos que aparentan “escuchar” a John Cage, comprender la “Fenomenología del Espíritu” y gozar del expresionismo abstracto), todavía no puedo comprender qué demonios hace la gente de este museo que más bien parece un monumento a la quietud, al silencio y al ocio de quienes ahí trabajan pues, ni siquiera, tienen una muestra que valga la pena al año, lo último más o menos interesante fue Mark Rothko. Pero bueno, para como están las cosas en el país, tener una retrospectiva del diseño del 68 ya es una ganancia.
El otro acontecimiento es una de las rarezas más grandes que yo haya vivido pero que demuestra que la falta de talento es lo que nuestra sociedad consumista busca. Fue la primera muestra del trabajo de un paparazzi que se hace llamar Domestic Fine Arts, ¿o así se llama su laboratorio o qué cosa es? Se trató de una fiesta, porque la inauguración de su trabajo artístico no fue, a la que asistieron todas sus musas vestidas con los diseños más innovadores del estilo “I have no money to buy real brands” y se dedicaron a posar para el ¿artista? que devaneaba de un lado a otro regocijándose de lo famoso que es entre sus amigos, que por supuesto, atiborraron el salonzote de fiestas malamente llamado Garash Galería. Hubo una escena plenamente ridícula en la que los dos paparazzi que se han convertido en una extraña especie de stars gracias su excelente facultad de poder entrar a todas las fiestas, comenzaron a “flashearse” unos a otros. ¿Desde cuándo los retratados son los mismos paparazzi? Cesar Arellano, el fotógrafo no celebrado anoche dijo: “Conocí a Domestic anoche. Nos estuvimos flasheando como locos” ¡Sorprendente!
Después de muchísimas carcajadas por lo ridículo de la escena y tras haber hecho mi labor de socialité comprometido, me retiré del lugar con la esperanza de no volverme famoso como ellos, de quedar más o menos anónimo como hasta el momento lo han hecho Tony Solís o Ricardo Velmor con todo y su talento. A la salida, me encontré con una multitud enardecida que deseaba entrar al lugar, que necesitaba que Domestic Fine Arts hallara en ellos al siguiente inútil retratado y me largué a mi cuarto de azotea con ganas de escribir esto y deseándoles a todos los que esperaban en la puerta de Garash la mejor de las suertes para que lograran su trascendente cometido.

julio 19, 2008

Lo que ya no importa


La facultad de filosofía y Letras de la UNAM se complace en presentarle a su nueva y flamante generación de desempleados. Los únicos graduados expertos en la literatura y la filosofía que no sirven de nada, más que para conversar en las fiestas y aburrir profundamente a todo aquel que los escuche que no sea de la misma facultad. Ellos cuentan con utilísimos conocimientos que a nadie le interesan y que, por supuesto, nadie pagaría para que esta información sea transmitida. Las revistas, las editoriales, los periódicos y hasta los centros de investigación literaria están plagados de comunicólogos, o sea, analfabetas funcionales (casi todos), que están dispuestos a sepultar cualquier residuo de cultura que aún persista en el país con el magnífico método de distraer a los pocos lectores potenciales con un enorme desplegado de ignorancia y, si bien nos va, de cultura pop. ¿A quién le interesa leer textos de calidad? ¿A quién pitos le gustaría releer a Ignacio Ramírez el “Nigromante”, a Salvador Novo o los nuevos talentos como Antonio Ortuño si ya contamos con la genialidad publicitaria de Volpi, Bellatín o la revista “Chilango”?
Esta nueva generación de filósofos y literatos ya pueden ir buscando el taxi que trabajarán a cuenta, el café de la Condesa en el que servirán o la botarga con la que van a espantar a todos los niños en los semáforos. Y nosotros, los que ya estamos devorados por la cultura “Tv y Novelas” podremos liberarnos, de una vez por todas, de la literatura nacional. Ya nada podrá distraernos a la hora de leer el “Hola” que nos cuenta sobre el divorcio de los duques españoles o sobre Paulina Rubio en la semana de la moda. Después de todo, para nuestra sociedad, lo incoherente es lo que importa.
¿Pero, acaso son los blogs aquellos que están rescatando voces casi silentes?

julio 13, 2008

De la pocilga


Un perfecto idiota que huyó de todas las cosas que lo pudieron hacer feliz. El rey Midas que todo convierte en mierda es mi padre. Lo único que hizo por mí fue meter su pito en el coño de mi mamá, eso fue todo. El primer recuerdo que viene a mi mente sobre él es en un estadio de futbol, yo tenía seis años y nos visitó en la pocilguita donde yo vivía con mi madre y mis hermanos, la visita fue sólo para darnos una cuenta en el banco en donde habría dinero suficiente para que comiéramos durante los siguientes seis años que estaría ausente. Quiso despedirse de nosotros con la advertencia de que regresaría a ocupar su función de padre. Pero ella, con lágrimas en los ojos, le pidió que no se fuera o que me llevara con él. Ella quería retenerlo y al sentir que eso era imposible le pidió que me llevara porque mi cara la hacía recordarlo. Él accedió pero sólo me soportó unas horas. Primero fuimos a recoger a su amante, el automóvil con el que cruzamos la ciudad fue el primero al que me había subido, ahí conocí el aire acondicionado o la disponibilidad de todos los asientos para mí sólo. Llegamos a un barrio fino y conocí a la mujer, una rubia gorda embarrada de maquillaje que al estilo clásico de teibolera intentó congraciarse. Le divertía mi rechazo. Su nombre era Charly pero en realidad se llamaba Rosalía, como cualquier fonda.
Me llevaron al estadio para ver al Cruz Azul perder tres a cero contra los Tecos, era sábado y el partido comenzó a las cinco de la tarde. Quizá de ese recuerdo provenga mi aversión a ese deporte. Ellos se sentaron en las gradas y yo no quise permanecer al lado de la pareja, me parecía extraños y además nacos. Cuando estuve lo bastante lejos de ellos intenté mirar el partido pero casi de inmediato comencé a conversar con un muchacho que también estaba solo y que cargaba una bolsa de pan Bimbo llena de naranjas. La conversación con él se ha esfumado de mi memoria pero no pasó así con el sabor de la mitad de la naranja que me ofreció ese chico. Ellos interrumpieron mi nueva amistad y me sacaron del estadio, es muy probable que no se hayan percatado de mi ausencia hasta que acabó ese partido. Nos fuimos y la mujer me cargó en sus brazos, mismos de los que yo quería huir porque me repugnaba el olor dulce de su fragancia Avon. No lo logré. Llegamos a su casa, un lugar elegante, con bastante espacio y muebles a los que yo llamé: bonitos. Eso no tenía nada que ver con la pequeña pocilga en la que mi familia vivía. Me asignaron una recámara inmaculada y una cama fría, no pude dormir en toda la noche, cuando apenas empezaba a conciliar ensueño, los chingados mosquitos se metían a mi oreja para avisarme que era la hora de rascarse. Lloré sonoramente toda la noche.
Muy temprano una voz extraña me despertó al avisarme que era la hora del desayuno. Era mi abuelita nueva. Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Luz. Yo la quise desde el primer momento, una mujer delgada y muy alta, con lentes de un aumento que casi no me dejaban ver la forma real de sus ojos. Ella vivía ahí, en mi nueva casa. En la que sólo duré unas cuántas horas más. Hasta que mi madre llegó con lágrimas en los ojos y junto a ella su hermana dispuesta a ponerse violenta si es que alguien trataba de evitar la recuperación de su sobrino, o sea, yo. Mi padre y Charly no pusieron ninguna resistencia, mi abuela sí. Y comenzó la pelea, en la que triunfaron mi madre y su hermana y lograron sacarme de esa casa. Mi papá no trato de evitar la pelea, subió a su recámara a tratar de que su mujer no escuchara las groserías que gritaba mi madre histérica por el desamor.
Hubiera sido mejor que el arranque de mi madre nunca hubiera sucedido, porque regresé a la micro pocilga sólo para ser golpeado gracias a mi parecido con él hasta el día en que logré escapar. A él lo volví a ver quince años más tarde.