enero 28, 2008

La nacion desaparecida


La terrible visión del futuro me llevó a considerar la emigración como única posibilidad de mejora. Hoy, a punto de dejar este sitio para siempre, el miedo me invade y la cabeza trata de retratar la imagen exacta de este país destruido por el hambre. Parto no sin sufrimiento, pues el árbol de la esperanza se derrumbó para siempre en México. No soy el primero que lo hace, más de la mitad de los paisanos ya lo han hecho, antes era necio porque todavía guardaba algún milagro pero hoy me he rendido. Cruzaré un océano y mis plantas tocarán un suelo del que no habré de moverme nunca más. El cielo de la Ciudad ya empieza a manchar con agua todas las calles, yo sigo retratando este cuarto, estas ventanas por las que he visto huir a todos y por las que ahora no miro nada sino recuerdos agobiantes que me perseguirán para siempre ¿Qué va a pasar con este edificio, con estas calles y con las personas que se quedan por estar imposibilitadas a moverse? Quizá desaparezcan, se esfumen y formen las nubes que me cubrirán cuando ya esté lejos. Faltan un par de horas, quisiera salir a caminar un poco, visitar por última vez los lugares en los que solía ver sonreír, pelear, correr, gozar a las personas pero no puedo, no quiero ver sombras ni residuos de aquello que ya se ha perdido. Ya nada sobra.
En las maletas no cupieron todas las cosas que me hubiera gustado llevarme, en una valija no cabe un país que ya no existe, no puedo cargar con todo este cascajo lleno de una felicidad antigua, entonces decido cargar con nada. Lloro para exprimirme por dentro, para que todo lo que se viene dentro de mi salga en forma de lágrimas y cuando esté en otro lugar ya no me quede algo dentro. No hay nadie de quien despedirse.
Desaparecerán la tristeza, la frustración, la memoria, el amor por los hombres y por la nación desaparecida.

enero 27, 2008

Desayuno en Sanborns


Tras un exagerado descanso Christian Gaudi ha vuelto a la ciudad de México, se ha sentado en su escritorio otra vez y escribe. Su departamento es nuevo y está casi vacío, sólo tiene el mismo escritorio con el que ha cargado en todas sus mudanzas, una silla, ropa tirada en el suelo de madera y una taza. No hay ventanas y en la oscuridad de los días invernales ha dejado de pensar un poco en sí mismo para dedicarle un momento al teclado que reclamaba constantemente por no ser tocado, como una pareja insatisfecha.
Sale, el silencio lo aturde y necesita una conexión de internet para poder publicar todas las tonterías que se le ocurren en su blog. Llega hasta un Sanborns y ahoro lo que le molesta es el ruido de las parejas de viejos que están sentados alrededor suyo. El café de ese lugar le hace sentir mareos y asco, no sabe por qué ha vuelto a tomar esa mortal bebida, cada vez que lo toma promete no volver a hacerlo pero él no es un hombre que cumpla sus promesas, mucho menos aquellas que se hace a sí mismo. Escribe un poco, sale del café para comprar una revista y regresa. Tiene todo el tiempo para perderlo, después de todo, es lo único que se puede hacer con el tiempo. Es domingo. Desde la cocina del lugar llega un humo irritante que hace llorar a las parejas viejas y a Christian también. Otra vez las lágrimas, no ha pasado un sólo día desde hace meses que no llore. Quizá trate de causar lástima siempre, pero ¿a quién?, si nadie lo puede ver ni escuchar y ya no queda nadie quien lo lea, si es que alguna vez hubo alguien.
Terminó el párrafo anteriro y se arrepiente, se ha prometido dejar de escribir todos esos poemas metafisicos y cursis que está acostumbrado a escrubir y empezar a hacer algo distinto, algo que deje de ser negro y brille más, algo que valga la pena y atraiga la atención de todo el mundo. Pero aunque lo intenta algunas veces no puede hacer nada de eso, le resulta imposible.
Las vacaciones que se tomó no fueron en una playa o en una ciudad en el extranjero, simplemente se dedicó a vagar en las calles y a dormir en ellas, mientras encontraba un nuevo lugar en donde vivir. Encontró uno pero no le satisface, es por eso que continúa con el hábito de dormir a veces en las calles. Se cansa de esto, decide publicar porque tiene miedo de que crean que ha quedado vacío, pone el último punto y cierra la computadora pero antes se hace una promesa: pronto escribirá de otras cosas.