julio 25, 2008

La Noche de Anoche


Entre los sucesos de anoche estuvieron dos eventos que convocaron a la mitad de la gente farola de la ciudad de México.
En primer lugar tuvimos la inauguración de “Diseñando México 68” exposición que rescata los elementos visuales que se usaron en la olimpiada, hechos por reconocidos artistas y usados por toda la población mundial que puso los ojos momentáneamente sobre la Ciudad de México, así como ahora nosotros los tendremos puestos sobre Beijing, con la esperanza ingenua de llevarnos un par de medallas de bronce. El 68 es uno de mis años favoritos, aunque en este año todos los movimientos sociales del mundo hayan sido brutalmente apagados, porque la gente todavía se atrevía a exigir lo que ahora nos parece lo imposible. Además me gusta porque imagino el México de la bonanza que se desvaneció como nuestra conciencia política para hundirnos en la más sombrío desinterés. A pesar de que esta muestra es buena y de que la fiesta estuvo muy bien, ya saben, todos mis amigos intelectuales estaban en el acto (entiéndase por intelectuales a aquellos que aparentan “escuchar” a John Cage, comprender la “Fenomenología del Espíritu” y gozar del expresionismo abstracto), todavía no puedo comprender qué demonios hace la gente de este museo que más bien parece un monumento a la quietud, al silencio y al ocio de quienes ahí trabajan pues, ni siquiera, tienen una muestra que valga la pena al año, lo último más o menos interesante fue Mark Rothko. Pero bueno, para como están las cosas en el país, tener una retrospectiva del diseño del 68 ya es una ganancia.
El otro acontecimiento es una de las rarezas más grandes que yo haya vivido pero que demuestra que la falta de talento es lo que nuestra sociedad consumista busca. Fue la primera muestra del trabajo de un paparazzi que se hace llamar Domestic Fine Arts, ¿o así se llama su laboratorio o qué cosa es? Se trató de una fiesta, porque la inauguración de su trabajo artístico no fue, a la que asistieron todas sus musas vestidas con los diseños más innovadores del estilo “I have no money to buy real brands” y se dedicaron a posar para el ¿artista? que devaneaba de un lado a otro regocijándose de lo famoso que es entre sus amigos, que por supuesto, atiborraron el salonzote de fiestas malamente llamado Garash Galería. Hubo una escena plenamente ridícula en la que los dos paparazzi que se han convertido en una extraña especie de stars gracias su excelente facultad de poder entrar a todas las fiestas, comenzaron a “flashearse” unos a otros. ¿Desde cuándo los retratados son los mismos paparazzi? Cesar Arellano, el fotógrafo no celebrado anoche dijo: “Conocí a Domestic anoche. Nos estuvimos flasheando como locos” ¡Sorprendente!
Después de muchísimas carcajadas por lo ridículo de la escena y tras haber hecho mi labor de socialité comprometido, me retiré del lugar con la esperanza de no volverme famoso como ellos, de quedar más o menos anónimo como hasta el momento lo han hecho Tony Solís o Ricardo Velmor con todo y su talento. A la salida, me encontré con una multitud enardecida que deseaba entrar al lugar, que necesitaba que Domestic Fine Arts hallara en ellos al siguiente inútil retratado y me largué a mi cuarto de azotea con ganas de escribir esto y deseándoles a todos los que esperaban en la puerta de Garash la mejor de las suertes para que lograran su trascendente cometido.

1 comentarios:

Cesar Arellano dijo...

Yo no entré a la inauguración de Domestic en Garash... y eso que supuestamente dije, lo escribí hace un más de un año en Diario de Fiestas.

Ah, debe ser que este post es un texto de ficción y lo tomé por no-ficción. Espero que la mala leche se siente en el texto sea también ficticia.