mayo 02, 2008

Girl on Fire



Terminar en el hotel Chelsea de Nueva York, completamente drogada y con la certidumbre de que todo lo subsecuente es ir en picada, como Edie Sedgwick, es lo mejor que a cualquiera de los personajes con los que me encuentro en las fiestas les podría pasar. Sé que el noventa por ciento de las personas que están en la lista de estas fiestas del ámbito alternativo y artístico de Ciudad de México no tendrá un final mejor que la musa de Andy Warhol. Son pequeñas almas inconscientes que desean devorarlo todo en un sólo mordizco pero que muy pronto terminarán por asfixiarse gracias a su propia voracidad. Quizá yo termine de la misma manera, puede ser que le prenda llamas a mi pequeño cuarto de hotel en la colonia Roma, el Chelsea de la Ciudad de México, en donde terminaré por no poder pagar la renta pues mi completa herencia la gastaré tan sólo en unos meses en alcohol y alguna que otra droga.
Anoche vi FACTORY GIRL, inspirada en Edie Sedgwick, salí del cine completamente decepcionado por desperdiciar la historia de un personaje como éste en una pelícua cuyas actuaciones y argumento son completamente malos. ¿Cómo demonios se puede hacer algo tan mediocre con una historia tan deliciosa? Lo bueno es que no dejé de pensar en esta mujer, dueña de una fortuna ancestral, bella, poseedora de un estilo único y con un destino tan aparentemente dramático. No estoy seguro que morir joven, víctima de una adicción y con una cuenta bancaria árida por haberla despilfarrado en el placer propio, sea una desgracia. ¿Acaso no es eso justamente lo que nuestra filosofía actual de consumo nos enseña a desear? ¿Es triste la vida de una persona que fue amiga de todos y de nadie, que cambió el mundo con su especial personalidad y que llevaba el caos a cualquier lugar en donde se presentara? No estoy seguro.
Esto me hace cuestionarme sobre mí mismo y sobre aquellos de quienes me he vuelto un fugaz amigo, sobre mis deseos y sobre la dirección en que mi vida se esta dirigiendo.

1 comentarios:

Ricardo Velmor dijo...

No me dejes ahogarme en mi voracidad y yo no te dejo ahogarte en la tuya. Al menos claro que ya estemos en la cúspide y nuestra muerte sea solamente el siguiente paso para la consumación de nuestro mito.