junio 25, 2007

Salida sin Tamaño


La puerta que cambia de tamaño. La puerta se hace invisible a veces pero la mayoría del tiempo permanece pequeña. A simple vista parecer inmóvil, casi nadie se da cuenta del momento en que cambia. Es como la manecilla que marca las horas, siempre avanza pero nunca podemos verla mientras lo hace. Sus acciones son invisibles.
Estaba en la cocina de Miriam, yo trabajaba ahí después de la escuela, tenía que tranquilizar a los niños de esa mujer ocupada. Mi técnica era alimentarlos siempre, sólo así se podían callar esos niños, comiendo. Cuando lo hacen, sólo se miran entre sí con sus ojos estúpidos. Siempre era la misma escena, ellos sentados en el pequeño comedor sin hacer ruido, yo cocinaba o también me ponía a observar las cosas con ojos estúpidos. Así, en un trance provocado por los alimentos, descubrí que el tamaño de la puerta cambiaba. La primera vez pensé que sólo era mi imaginación asqueada de la realidad rutinaria pero los cambios eran muy evidentes como para atribuírselo a una imaginación tan limitada y monocromática como la mía. Luego creí que los ingredientes de mis sopas habían provocado alucinaciones tontas, los niños también veían cómo ese pedazo de madera y metal se movía, a Miriam nunca se lo dije, tenía miedo de que me corriera, de que sospechara algo anormal en mí. Me acostumbré después a que así fuera, y como sabía que atravesarla sólo me llevaría a un patio mugriento y lleno de ollas viejas, volví a concentrarme en la comida que se calentaba sobre los anillos de fuego, a mantener a los obesos niños comiendo y a recibir el dinero que casi me regalaba la jefa, esa tonta mujer ocupada.

1 comentarios:

laura dijo...

hola sigo siendo yo, bueno me da mucho gusto encontrar un cuento nuevo y espero que sigas así ya que kda q pueda voy a checar para ver que más has escrito.