A la chica tímida le nació un seno en la cara. Ocurrió así, de repente. Dicen que los senos son aquel par suave que se abre paso entre el viento, pero éste no era un par, era uno sólo y justo en medio de su rostro. Ese bolso lleno de leche ocultó por completo a una nariz fina y respingada. La boca desapareció parcialmente pero la voz francesa todavía salía de ella. Ahora su cuello alargado se inclina por el peso del nuevo amigo. Ella todavía puede respirar porque ahora lo hace por el pezón.
Se llamaba Ángela y nunca hablaba con nadie. Era de esas que miran el mundo desde su ventana y esperan entre encajes blancos a que un hombre llegue a mutilar sus vestidos; pero que siempre esperan, ansiosas de quien las libere. Le hubiera gustado llamarse Kim. Ángela es un nombre para una católica recatada y una rubia aburrida, como ella. Kim es algo diferente, es como aquellas que pueden mostrar los pechos en una fiesta y Ángela era del tipo que no va a las fiestas.
El pecho izquierdo es el que tiene dentro al corazón, lo envuelve cariñosamente en su malla de piel suave; lleva en sí el motor de todo el cuerpo. Ángela cuida mucho al suyo pero creía que se desgastaba inútilmente, cada día era como si una gangrena avanzara y la cura era que los mirasen, que los apretara un poco. Salía a la calle y caminaba con su par al frente, erguida como si sus senos fueran una proa y un timón. Cuando yo la vi me pareció como un gallo.
No estaba en ninguna escuela, su madre le enseñó a leer y a contar. Su cultura exuberante se demostraba con la aguja en la tela, sus vestidos de menonita los hacia ella misma, se envolvía todo el cuerpo. Salía a la calle con la nariz hacia el cielo, como si plegara un marido a Dios. Nunca lo obtendrá, a cambio, el azar le mandó un pecho en la cara.
Tenía tantas ganas que alguien llegase a besarlos, a tomar con los dedos. Primero descubrió sus propias caricias pero éstas ya le aburrían. Sus senos necesitaban respirar fuera de todas esas telas que los asfixiaban. A los trece años comenzaron los deseos que ahora eran desmesurados. Soñaba que se iba pudriendo, que sus frutos frontales habían caído del árbol para pudrirse al ras de la tierra a menos que alguien los recogiera, que una especie de cáncer se la comía. Las últimas noches las había pasado frente a la ventana a que pasara cualquiera, alguien que por lo menos la viera, a quien mostrarle siquiera un poco de piel pero todos le teníamos un poco de miedo. Parecía, con sus ojos siempre abiertos completamente, una posesa.
Esta noche tiene un músculo carnoso de sobra, el tercero no es muy grande ni colgado, es un pecho joven con una aureola oscura, es respingado y firme. Sus ojos se asoman al espejo, no pierde el control ni cae en un frenesí de asco, al contrario, parece gustarle. Ahora piensa que además de besarlos podrá alimentar a cualquier hombre. El seno parece ajustarse muy bien a su cara, luce como si siempre hubiera estado ahí, ni siquiera parece un antifaz, para ella es una nariz nueva y exótica. Este órgano puede ser más libre que sus otros dos hermanos, siente el aire que ellos no. Esta no pudo haber sido su mejor noche, cree que vienen mejores.
Nos despedimos de Ángela, le deseamos mucha suerte, ojalá que a partir de ahora encuentre lo que está buscando.

1 comentarios:
Esto en mi tierra se llamaría Daliniano aunque Gaudí guste más a mis conciudadanos.
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